Voy a escribir

Un día de estos voy a escribir a los sueños cumplidos, al trébol de cuatro hojas que encontré, al poder de la palabra y del silencio. Voy a escribir a las noches que no recuerdo, a los tratos que se rompen, a los días sin malas noticias y a la canción que ya sabes que […]

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¿A qué juegas? – @DonCorleoneLaws

Seguramente no pensabas que esto resultaría así: de esta forma tan naturalmente madura, tan desinhibida y espontánea. La verdad es que yo tampoco, por eso mismo puede ser peligroso, pero: ¿a que te sientes viva?. Ha ocurrido cuando nuestros dos cuerpos eran tan sólo uno, y estaba sobre ti apoyado únicamente en esos -mis brazos- […]

https://dekrakensysirenas.wordpress.com/2015/10/19/a-que-juegas-doncorleonelaws/

Ni en pintura – @Safronina0

A medida que pasan los años solemos volver la vista atrás y pensamos e incluso nos atrevemos a afirmar “volvería a los 20 sin pensarlo”. Pues señores y señoras, aquí servidora no volvería Ni en pintura. Me miro a los 20, mido lo mismo y visto igual, vaqueros desgastados, camesetas de tirantes básicas y sobrecamisas […]

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El último tren (X): Invisible

LA PSICOLOGÍA DE LOS MONOS

No recuerdo exactamente cómo he llegado hasta aquí. Estoy confundida, desorientada y con una extraña sensación de alivio. Me dirijo a comprar un billete sin importarme cuál sea el destino. Mi voz, acostumbrada a no sonar demasiado, hace que el vendedor no me escuche y me pida que la alce.

“Por favor, un billete para el primer tren que salga. No quiero saber adónde se dirige.”

La cara de serenidad de ese hombre canoso se llena de extrañeza, pero, aun así, hace lo que le pido. Me extiende el billete, yo le doy el dinero y me dice que sale en diez minutos de la vía 2. No le doy las gracias. Ya no agradezco a nadie que haga lo que debe hacer.

Diez minutos. Perfecto, tengo tiempo suficiente para ir a por un café.

Mis pequeños pasos me llevan hacia la cafetería fuera de la estación, que está atestada…

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El último tren (VIII): Leprechaun

LA PSICOLOGÍA DE LOS MONOS

Otra vez que se ha atascado el puto despertador y no hay quién lo apague. Para variar, empiezo el maldito día con el pie derecho. Sí, el derecho. Siempre he sido un hombre de contradicciones y, si a todo el mundo le jode levantarse con el pie izquierdo, a mí me jode levantarme con el pie derecho.

Así que, nada, otro día más sumido en la pestilente rutina.

Me levanto de la cama y acudo al baño desnudo, como cada mañana. Meo y bajo la tapaleprechaun del retrete, pero no tiro de la cadena para ahorrar agua. Confío en que el baño no apeste a meados. Me pongo frente al espejo. Joder, cómo odio ser tan bajito. Cuando era pequeño me llamaban Chaun, de leprechaun. Y lo hacían porque sabían que lo odiaba. Hasta que un día pasó a ser una mera costumbre más.

Pues ahí estaba yo. Metro…

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El último tren (I): La nota

LA PSICOLOGÍA DE LOS MONOS

El último tren del día. Lo he visto llegar mientras bajaba por la rambla. Acelero el paso, preparo el billete y agarro la troley más fuerte, para que el repiqueteo de las ruedas sobre las baldosas no haga tanto ruido. Esas baldosas largas y estrechas, horizontales, de color de pisada con restos de algo que se pegó y nadie se ha atrevido a desenganchar. Por alguna razón, empiezo a sonreír antes de tiempo. Lo estoy haciendo. Me marcho. La noche muestra una luna en cuarto creciente rodeada de algunas nubes. Apenas se distinguen estrellas, tapadas por el resplandor opaco de las luces de neón y las farolas curvadas. Hace fresco. El semáforo para
peatones se pone rojo. El tren frena y, lentamente, va colocándose en el andén, con el ligero chirriar clásico de los cercanías. La estación es casi toda de cristal y eso me permite ver que hay unas…

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Una llamada.

Fue un miercoles de Otoño, el día que ya no esperaba, en realidad, hacía dos años que no la esperaba. Algo tan sencillo y tan pequeño como una llamada de teléfono. Una de esas en las que te dejas la vida, y parece que nunca llegan. Te sientas y esperas, un día tras otro; una noche tras otra, sin poder dejar de mirar la pantalla cada medio minuto, pero la muy puta no se ilumina, no vibra, no suena  Mr. November de The National, y te cansas de esperar, te levantas y sigues caminando y olvidas.

Olvidas los sueños que perseguías, olvidas.

Te dejas arrastras por las corrientes de la rutina.

Madrugar, ir a un trabajo que no te gusta, disfrazada de sonrisa y buen humor, y llegas a casa y solo quieres dormir y no puedes. Tu mente es un bucle de insomnio entre nebulosas de música y resquicios de ilusiones que siguen merodeando tu puerta, pero no sabes como coño llamar.

Un día, sin más, derrepente, como todas las cosas buenas ( y las malas, claro) se enciende la pantalla, pero no estás atenta. Levantas las cejas ante un número desconocido y llamas.

3 minutos y una videoconferencia que acaban con un salón vacio de muebles de ikea y libros apilados en el suelo, con un despespertador impasible y entre sus brazos. Con las maletas cargadas de ropa inundando el coche, dos lámparas y una alfombra.

Un espactaculo de amaneceres coloreados en un nuevo balcón, en otra ciudad.

Un sueño, que como todos, llega cuando no lo esperas.